En el laberinto estoy esperando, a que os decidáis acudir a mi llamada.
A que esperáis mi querida amada.
Os invito pues a comenzar un juego. Responded si queréis jugar conmigo, al camino del destino.
Seguid la rosa atada al hilo fino y con pasos de sigilo aproximaos a mí.
Eso es…princesa de piel blanca estáis cayendo de pleno en mi trampa.
Pobre muchacha inocente dominada por la ignorancia latente de sus dieciséis años.
A cual hombre maduro cree poseer sin embargo seré yo quien te haga caer.
Y ya me tenéis al frente ¿os sorprendéis al verme?
La muchacha respondió: vos no sois el amor…sois la muerte…
El hombre de su bota un puñal saco y a la linda princesa blanca degolló.
Su sangre por el laberinto corrió, formando un río rojo.
El hombre girando sobre sus talones y a paso sereno se fue riendo a carcajadas.
Pronuncio sus últimas palabras: es de juicio errado el ser avaricioso…por eso más vale pájaro en mano que ciento volando.
Dicho esto del ojo humano desapareció y con su vida de lujo y placeres prosiguió .
Carolina Gutiérrez Pino.

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