Mis pensamientos eran presa del viento otoñal que podía vislumbrar desde mi ventanal.
Miraba y miraba pero ni la más hermosa luna llena que entre las nubes asomaba, me despertaba de mi letargo.
Mis palabras concisas sonaron así en la soledad:
“Si solo he de estar no voy a juzgar tu buena voluntad.
A mi amada te has decidido llevar, contra eso no puedo luchar.
Tengo una fortuna muy sustanciosa, pero mi avanzada edad
me limita hacer muchas cosas.
En ésta copa veo reflejada la belleza de mi difunta esposa.
Mi juventud se ha marchitado a una velocidad asombrosa.
Más ahora tan solo me queda esperar a que caiga la última hoja.
Te prometo querida, que con la ida del otoño y cuando el
follaje de los árboles haya desaparecido me reuniré contigo.
Espérame en el lago en el que nos conocimos.
Ten paciencia, el tiempo prácticamente me ha consumido”.
Carolina Gutiérrez Pino.
Carolina Gutiérrez Pino.

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