miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cierra el pico

Decidme vos si… creéis en el don de la palabra.
Puesto que cualquier "canalla" sabe utilizarla.
Decidme vos si… creéis en principios.
Y yo os responderé… el necio calló al precipicio.
Decidme vos si creéis en la verdad.
De ser  así habéis tomado una decisión difícil.
No es fácil vivir en soledad.
Decidme vos si…creéis en la felicidad.
Seamos realistas y dejemos la ingenuidad.
Pero sobre todo ¿vos creéis en el conocimiento humano?
Querido amigo... creo en el saber humano como creo  que,
ahora mismo vos y yo estamos dialogando de cualidades.
De las cuales el ser humano desconoce completamente.
Pero como pavo real presumiendo de plumaje… habla y habla y tan solo
En su lecho de muerte calla.

                                                                                                        Carolina Gutiérrez Pino.

jueves, 20 de octubre de 2011

Sofisticada y amada poesía

Venditas páginas blancas.
Extrañas para el desconocido.
Trágicas para el entendido.
Adornadas con palabras.
De estilo variado, son el fruto
del escritor esclavizado.
Carcasa de tapa dura es la coraza;
de ésta armadura .
Que con tanto esmero protege;
el gozo de la literatura.
El alma del poeta perdura.
En ésta vida y en la que no;
puede ser escrita.
Así pues me inclino ante
semejante hermosura.
Que supone el buen gusto del lector;
y el disgusto del ignorante.

                                                                                                       Carolina Gutiérrez Pino.

lunes, 17 de octubre de 2011

La hoja que se creyó perenne

Una noche sin diferencia de otra aguardaba el calor de la chimenea.
Mis pensamientos eran presa del viento otoñal que podía vislumbrar desde mi ventanal.
Miraba y miraba pero ni la más hermosa luna llena que entre las nubes asomaba, me despertaba de mi letargo.
Mis palabras concisas sonaron así en la soledad:

“Si solo he de estar no voy a juzgar tu buena voluntad.
A mi amada te has decidido llevar, contra eso no puedo luchar.
Tengo una fortuna muy sustanciosa, pero mi avanzada edad
me limita hacer muchas cosas.
En ésta copa veo reflejada la belleza de mi difunta esposa.
Mi juventud se ha marchitado a una velocidad asombrosa.
Más ahora tan solo me queda esperar a que caiga la última hoja.
Te prometo querida, que con la ida del otoño y cuando el
follaje de los árboles haya desaparecido me reuniré contigo.
Espérame en el lago en el que nos conocimos.
Ten paciencia, el tiempo prácticamente me ha consumido”. 

                                                                                                       Carolina Gutiérrez Pino.

jueves, 28 de julio de 2011

El final de un reinado escrito con tinta carmesí


En una nación de opresión una monarquía gobierna como si fuera una tiranía.
Vasallos hipócritas halagan la incompetencia de un reino sumido en discordia.
Más la reina tan solo esta pendiente de sus amantes insolentes, mientras que su marido se ocupa de un ejército que otorga algo de seguridad. Los impuestos cada vez son más elevados, la comida se la queda la burguesía y las prostitutas están más tiempo en palacio que en la calle. El pueblo estaba en descontento, un apuesto caballero decidió tomar medidas para derrocar la monarquía. Era todo un estratega, hasta tal punto que de un tablero de ajedrez y sus correspondientes figuras formo un campo de batalla. Como una minuciosa partida el caballero con clase y delicadeza consiguió ser nombrado por el rey centurión de caballería. A la reina le pico su picardía y en su cama lo quería .El centurión observaba hasta el mínimo detalle de  todo lo que sucedía en palacio.
En una cena entre ejército y los monarcas la reina se insinuaba al centurión con sumo descaro sin importarle que su marido estaba sentado a su lado. El apuesto hombre perplejo le siguió la corriente, analizando la situación fríamente llegó a la conclusión de que debía sucumbir a los encantos de la reina para proseguir con su plan. No se lo pensó se dejo guiar por la situación, las finas y delicadas manos de la reina y la inigualable belleza de ésta. Tras unas semanas después el centurión sabía todo los asuntos que se movían en el reino. Disponía de la confianza del rey, como uno de los caballeros más valientes y justos. Sin contar además que la reina le aseguraba protección a cambio de retozar con él. Todo estaba saliendo a la perfección, el final se aproximaba y con ella el comienzo de otro reinado ¿o quizás de una republica?
Una calurosa noche de agosto la reina esperaba como de costumbre a su centurión predilecto, éste no tardo en llegar con un vino francés de excelente cosecha y dos copas.
Aprovechando un descuido de la mujer, el hombre vertió una pizca de veneno en la susodicha copa de la monarca. Juntos bebieron hasta que el veneno empezó hacer efecto entonces el centurión le miró y le dijo: jaque mate a la reina, y luego depositó a su lado la figura de ajedrez que la representaba. Desapareciendo de la recámara de la monarca se dijo para si mismo queda el rey. Con pasos sigilosos se deslizó entre palacio, aprovechando la oscuridad que le brindaba la noche. Entró en la recámara del rey, y con un cojín lo asfixio. Los gritos del rey se veían ahogados por la “almohada”, hasta que de nuevo reinó la calma en palacio. El centurión volvió a pronunciar las mismas palabras: jaque mate al rey, y depositó la figura que lo representaba a su lado. A la mañana siguiente el sol saliente se imponía con una mueca irónica, teniendo en cuenta que en el reino era un día negro, tanto el rey como la reina habían muerto.
El apuesto hombre se sentía orgulloso ya que había conseguido cambiar una decadente monarquía y ahora… seria él quien reinaría. 

                                                                                                        Carolina Gutiérrez Pino.

martes, 26 de julio de 2011

La mamba negra

Estaba el ratón en su guarida, sin sospechar que en la entrada una víbora había.
El ratón despreocupado de su morada salía como cualquier día.
La astuta serpiente sabía que el roedor tarde o temprano de su casa saldría asíque con paciencia espero, el ratón mucho no tardo en salir.
La exuberante serpiente al verlo le dijo: a un invitado has hecho esperar y con tu vida lo vas a pagar.
Acto seguido se abalanzó sobre su presa y con su cuerpo rodeo su cabeza.
El animal intento escapar más su adversario era letal.
La víbora  al ver próxima la muerte de su comida pronuncio: de la mamba negra no se puede escapar…mi querido amigo no te lo tomes como algo personal, necesito cazar para poder cenar.

                                                                                                   Carolina Gutiérrez Pino.

domingo, 24 de julio de 2011

La mentira inoculada en ojos verdes


En el laberinto estoy esperando, a que os decidáis acudir a mi llamada.
A que esperáis mi querida amada.
Os invito pues a comenzar un juego. Responded si queréis jugar conmigo, al camino del destino.
Seguid la rosa atada al hilo fino y con pasos de sigilo aproximaos a mí.
Eso es…princesa de piel blanca estáis cayendo de pleno en mi trampa.
Pobre muchacha inocente dominada por la ignorancia latente de sus dieciséis años.
A cual hombre maduro cree poseer sin embargo seré yo quien te haga caer.
Y ya me tenéis al frente ¿os sorprendéis al verme?
La muchacha respondió: vos no sois el amor…sois la muerte…
El hombre de su bota un puñal saco y a la linda princesa blanca degolló.
Su sangre por el laberinto corrió, formando un río rojo.
El hombre girando sobre sus talones y a paso sereno se fue riendo a carcajadas.
Pronuncio sus últimas palabras: es de juicio errado el ser avaricioso…por eso más vale pájaro en mano que ciento volando.
Dicho esto del ojo humano desapareció y con su vida de lujo y placeres prosiguió .

                                                                                                       Carolina Gutiérrez Pino.

La sensatez y la lujuria .

-Sensatez: Eres tan hermosa como peligrosa, vas devorando hombres y dejando un   rastro
                  De cadáveres a tu paso. A tu alrededor huele a muerte y putrefacción.

-Lujuria: ¿Y no te gustaría ser mi próxima victima? ; Te advierto que no todo el mundo
               tiene el privilegio de compartir mis aposentos conmigo.

-Sensatez: ¡Aparta víbora! ¡No quiero de tu veneno!

-Lujuria: Es una lastima… no sabes lo que te pierdes. Podría proporcionarte los  placeres
               ocultos de la vida y serias un hombre más completo.

-Sensatez: No mujer…seria un cuerpo sin alma, esclavizado al deseo carnal. 

                                                                                                       Carolina Gutiérrez Pino.